lunes, 19 de mayo de 2008

EL OBSERVATORIO DE MIEDOS

En los últimos días, el debate público se concentró en el conflicto entre el gobierno nacional y la prensa. A partir del cual, la presidenta, Cristina Fernández, recordó la existencia del Observatorio de Medios, creado en noviembre del 2005 para evaluar manifestaciones discriminatorias en radio y T.V, pero de quien pocos tenían noticias.

Sin embargo, la sola mención de la mandataria acerca del organismo dependiente del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), desencadenó el ataque de pánico en un amplio sector de la prensa. Como si el Observatorio contara con la facultad de aplicar sanciones sobre los medios, cuando en realidad sólo tiene atribuciones para enviar observaciones por cartas a los editores, ý no más que en casos de difusión de conceptos discriminatorios.

No obstante, distintas publicaciones se colocaron en una posición defensiva bajo argumentos como: “vigilar a la prensa libre no es una tarea propia del estado” y “el mejor fiscal es el lector de cada día”. En el mismo sentido, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) declaró: “la prensa Argentina ha dado sobrada muestra de ecuanimidad, objetividad y equidistancia, pudiendo exhibir una trayectoria democrática”. Esto último no es lo que documentan las hemerotecas, pero tal vez algún desinformado pueda darlo por cierto.

De todas formas, ningún buen o mal antecedente puede habilitar a los medios a propagar ideas xenófobas, basadas en prejuicios sobre un determinado grupo social. Además, resulta incomprensible que la prensa asocie el sentido de libertad de expresión o de democracia, con la de tolerancia hacia la discriminación.
Por citar un mal ejemplo, en diciembre de 2006, cuando el conductor Lucho Avilés, quien enojado con el supuesto desorden que dejaban los cartoneros, dijo: “Hay dos formas de arreglar esto, con educación que es la más correcta. O con otra, que es la de poner granadas en las bolsas de basura y los tipos abren y les explota. Anda a cagar, les voló la cabeza”.

Tal vez sea el momento en que los medios puedan mirar hacia su interior y realizar, al menos de tanto en tanto, alguna autocrítica.

Reflexionar acerca de sí su función es influir y lucrar, o la de ser trasmisores de diversidad cultural e informativa.
También sería conveniente que asuman, al igual que el resto de los actores sociales lo hacen, la existencia de opiniones desfavorable hacia ellos, sin atribuir a dichas consideraciones como contrarias al sistema democrático.
Y si acaso la prensa recibiera observaciones impertinentes de los organismos estatales, entonces podrá trasladarlas hacía la comunidad, para así entre todos dilucidar la controversia.
Quizás esa sea la manera de hacer una comunicación mejor para todos.

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