lunes, 26 de mayo de 2008

ENEMIGOS ÍNTIMOS: Clarín y el Gobierno

Desde hace semanas el gobierno nacional, presidido por Cristina Fernández, mantiene una tensa disputa con el Grupo Clarín, quien conforma el multimedio de prensa más importante del país. En consecuencia, la sociedad se ha visto cercada por los mensajes de ambos productores de discursos, que al parecer están destinados más a sus cuestiones particulares que al interés común.

Por otro lado, resulta curioso ver a la empresa de Ernestina Herrera de Noble enfrentada al oficialismo, cuando obtuvo su continuidad hegemónica en los medios gracias al decreto 527/05 firmado por el entonces Presidente, Néstor Kirchner. Y a partir del cual, los vencimientos de las licencias de radio y televisión fueron suspendidos hasta el año 2015.

Además la administración kirchnerista, quien tiene la obligación de defender la libre competencia en los mercados, autorizó hace tan sólo seis meses la fusión de las prestadoras de TV por cable, Multicanal y Cablevisión. De esta forma el multimedio logró monopolizar un negocio con tres millones de abonados que pagan más de 30 dólares al mes.

Sin embargo, el tránsito del poder habría colocado a Ernestina Herrera de Noble y a Cristina Fernández en veredas opuestas. Así comenzaron a oírse los reproches de sus voceros, como Luis D’Elía, quien dijo “ese multimedia funciona al igual que una pistola en la cabeza de la democracia”. Y además solicitó “desmonopolizar la concentración de la información”.
Por su parte, la periodista, Lorena Maciel, respondió “ En mis años en el Grupo Clarín, nunca me enviaron a pegarle a un manifestante pacífico”.

Mientras tanto, poco se habla de la pobreza y el desempleo que afecta a millones de argentinos. Tampoco se escribe demasiado sobre los desmontes de miles de hectáreas en el norte del país, ni del saqueo minero que realizan las empresas extranjeras dentro del territorio nacional.

En este sentido, todo lo que trasmiten los medios y el gobierno pareciera ser una puesta en escena, con el fin de concentrar los ojos del pueblo en un entretenido show. Pero la realidad no está en aquello que difunden, sino en lo mucho que ambos ocultan.

lunes, 19 de mayo de 2008

EL OBSERVATORIO DE MIEDOS

En los últimos días, el debate público se concentró en el conflicto entre el gobierno nacional y la prensa. A partir del cual, la presidenta, Cristina Fernández, recordó la existencia del Observatorio de Medios, creado en noviembre del 2005 para evaluar manifestaciones discriminatorias en radio y T.V, pero de quien pocos tenían noticias.

Sin embargo, la sola mención de la mandataria acerca del organismo dependiente del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), desencadenó el ataque de pánico en un amplio sector de la prensa. Como si el Observatorio contara con la facultad de aplicar sanciones sobre los medios, cuando en realidad sólo tiene atribuciones para enviar observaciones por cartas a los editores, ý no más que en casos de difusión de conceptos discriminatorios.

No obstante, distintas publicaciones se colocaron en una posición defensiva bajo argumentos como: “vigilar a la prensa libre no es una tarea propia del estado” y “el mejor fiscal es el lector de cada día”. En el mismo sentido, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) declaró: “la prensa Argentina ha dado sobrada muestra de ecuanimidad, objetividad y equidistancia, pudiendo exhibir una trayectoria democrática”. Esto último no es lo que documentan las hemerotecas, pero tal vez algún desinformado pueda darlo por cierto.

De todas formas, ningún buen o mal antecedente puede habilitar a los medios a propagar ideas xenófobas, basadas en prejuicios sobre un determinado grupo social. Además, resulta incomprensible que la prensa asocie el sentido de libertad de expresión o de democracia, con la de tolerancia hacia la discriminación.
Por citar un mal ejemplo, en diciembre de 2006, cuando el conductor Lucho Avilés, quien enojado con el supuesto desorden que dejaban los cartoneros, dijo: “Hay dos formas de arreglar esto, con educación que es la más correcta. O con otra, que es la de poner granadas en las bolsas de basura y los tipos abren y les explota. Anda a cagar, les voló la cabeza”.

Tal vez sea el momento en que los medios puedan mirar hacia su interior y realizar, al menos de tanto en tanto, alguna autocrítica.

Reflexionar acerca de sí su función es influir y lucrar, o la de ser trasmisores de diversidad cultural e informativa.
También sería conveniente que asuman, al igual que el resto de los actores sociales lo hacen, la existencia de opiniones desfavorable hacia ellos, sin atribuir a dichas consideraciones como contrarias al sistema democrático.
Y si acaso la prensa recibiera observaciones impertinentes de los organismos estatales, entonces podrá trasladarlas hacía la comunidad, para así entre todos dilucidar la controversia.
Quizás esa sea la manera de hacer una comunicación mejor para todos.