lunes, 16 de junio de 2008

UNA LUCHA CONTRA EL PUEBLO

Luego de tres meses desde que el gobierno fijó las retenciones móviles para las exportaciones agropecuarias, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, anunció un programa de redistribución social que se financiará con las alícuotas aplicadas sobre las ventas de soja al exterior, y cuyas tasas sean superiores al 35 por ciento.
De esa forma, el oficialismo dio por fin una explicación a sus representados, acerca del destino del superávit fiscal. Aunque nadie sabe por qué tardaron tanto en comunicarlo. ¿O acaso el programa social anunciado el nueve de junio, tiene poco y nada que ver el plan ideado por el ex Ministro de Economía, Martín Loustau?
Sea como sea, a estas alturas de los acontecimientos, el gobierno no sólo perdió el tiempo, sino también dilapidó muchos de los votos de confianza que suelen depositarse en los mandatarios al comienzo de una gestión.
Al respecto, la consultora Poliarquía afirmó que en diciembre Cristina Fernández llegó al poder con una imagen positiva de 51 puntos, pero a partir del conflicto agropecuario su figura sufrió un vertiginoso descenso, hasta ser sólo aprobada por el 26% de los encuestados.
Así resulta desolador ver como un gobierno, autodenominado progresista, quedó debilitado ante una disputa por obtener más o menos ganancias de las exportaciones de alimentos, cuando en realidad debería luchar por cambiar el estado de cosas. Es decir, plantear la irracionalidad que rige el país, donde a pesar de que se producen alimentos para 450 millones de personas, hay más de dos millones de argentinos que no consumen los nutrientes indispensables.
Sin embargo, los productores agropecuarios y el oficialismo, no parecen estar dispuestos a resolver el hambre del pueblo, incluso se ha visto como los ruralistas hacen todo lo posible para desabastecer a las ciudades. Hasta han derramando miles de litros de leche en el asfalto.
Por su parte, el gobierno derrocha el dinero público para movilizar al clientelismo político hacia las plazas, con el propósito de ahuyentar a los manifestantes opositores.
Todo resulta ser entonces un circo, pero sin gracia. Ya que unos y otros dicen luchar en favor del pueblo, cuando en realidad ambos se muestran más interesados en proveer de alimentos a los mercados extranjeros que a los propios argentinos.
En verdad, la puja es por cómo los productores agropecuarios y el oficialismo se reparten las ganancias de un negocio que surgió hace seis años con la devaluación de la moneda y de los salarios. Así los ruralistas y los gobiernos acrecentaron su recaudación, pero al mismo tiempo generaron inflación. En consecuencia, la mayor parte de la sociedad perdió su nivel adquisitivo, la riqueza siguió concentrada en muy pocas manos. Y si bien el PBI creció al 9 % anual, el 26,9 % de la población está bajo la línea de pobreza y el 8,7 %, es indigente.
¿Entonces, cuál es el beneficio del pueblo en esta lucha?
Ninguno, hasta que los productores agropecuarios abandonen su avaricia, y el oficialismo, luego de tantos años de superávit, deje de repartir miseria como política social.

martes, 3 de junio de 2008

EL INDICE DE LA MENTIRA OFICIAL

Diversos medios de comunicación hablan hoy sobre la escalada inflacionaria, y toman como ejemplo la decisión tomada por las cadenas de electrodomésticos que dejaron de financiar las ventas de sus productos en doce pagos.
En el mismo sentido, distintas provincias difundieron, de forma independiente, sus registros mensuales con significativos aumentos de precios. Que van desde un 4,3 % en Río Negro y Santa Fe, a un 3,6 en La Pampa, y un 2,7 % en Tierra del Fuego; etc.
Sin embargo para el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC), quien ahora mide el Índice de Precios al Consumidor (IPC) sólo en Capital Federal y el conurbano bonaerense. La inflación en ese mismo periodo fue de 1,6 %: es decir, la mitad de la registrada en las provincias antes mencionadas.
En consecuencia, nadie tiene en claro cuál es la referencia objetiva acerca de esta problemática económica, y de esa manera, resulta imposible encontrar el remedio para un mal que no se sabe cuán grande es.
Por el contrario, no hay dudas sobre las responsabilidades del gobierno nacional en la pérdida de credibilidad del INDEC. Ya que mantienen la supervisión, frente al instituto estadístico, del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Quien dispuso la desvinculación arbitraria de equipos enteros de técnicos.
Al respecto, el veedor de Naciones Unidas del IPS en iberoamérica, Jacob Ryten, afirmó “sólo Zimbabwe efectuó una intervención peor que Indec” y recomendó “reemplazar a los que trabajan actualmente con el índice contaminado”.

En tanto el kirchnerismo no repara en las críticas, y mucho menos se detiene a la hora de acomodar la realidad de acuerdo a sus conveniencias. Así, aunque las inclemencias del tiempo arruinen las cosechas, o la crisis agropecuaria provoque un desabastecimiento general, nada podrá alterar la quietud de los números oficiales sobre la inflación.
Prueba de esto la dio el ex presidente, Néstor Kirchner, cuando en un acto realizado el 5 de octubre del 2007 en Ciudad Oculta dijo "el índice está perfecto". Mientras los precios se habían ido al tomate, incluido el propio fruto.
No obstante, será interesante ver a lo largo de la gestión de Cristina Fernández, si el INDEC logra recuperar su credibilidad, o si, por el contrario, se confirma el mito popular que dice “los hombres mienten más, pero las mujeres lo hacen mejor”.